Primero, el Amor
Para enfrentar las sombras con corazón
El primer paso fue conectar con el Amor. Desde donde me encontraba, en el nivel de consciencia que estaba habitando en ese momento, con la capacidad que tenía. Hoy mi corazón se ha expandido el triple y cada día me siento más en armonía con el Amor, pero en ese entonces, tan sólo un primer acercamiento fue suficiente para prepararme para hacerle frente a mis sombras.
Viví una vida de alta auto-exigencia y directamente auto-odio, sinceramente, hasta hace pocos años. Fue en el despertar de 2020 que eso cambió. Las sombras se acumulaban por montones, miedos, traumas, creencias limitantes, mandatos, mi ego que se aferraba a que “debía ser” así o asá para ser valiosa. Para ser suficiente.
Las herramientas para ablandar esas sombras no faltaron. Leía muchísimo, hice terapia desde mis tiernos 16 años hasta los 24 años, a esa edad me sumé a una ONG durante cinco años donde constantemente hacíamos trabajo de auto-conocimiento. Avanzaba casilleros, pero mis conversaciones internas eran un campo de batalla. En ciertos aspectos me sentía empoderada y protagonista de mi vida, y en otros era la víctima más dramática de la película. Desde ahí, tomaba decisiones que me saboteaban a mí misma, que me hacían daño real. Yo era mi peor enemiga.
En el año 2020, un mes antes de la pandemia, me despiden del trabajo al que me había entregado en cuerpo y alma, de un día para el otro. Todas las sombras salieron a jugar, pero hubo algo que me mantuvo en pie y que me permitió tratar con Amor a aquellas personas que crearon esa situación traumática. Por ahí porque el enemigo estaba afuera, en vez de ser yo misma, y eso me permitió mirarlo con otros ojos. Por ahí porque todo el trabajo social que venía realizando me llenaba de empatía. Por ahí porque algo en mí se aliviaba de salir de un entorno psicológicamente abusivo. No sé bien a qué atribuirle la victoria, o si a todo, pero el Amor con el que me dirigí a quienes me lastimaron me cambió para siempre.
Si podía mirar así a personas que me habían traicionado de esa manera conscientemente, ¿cómo no iba a mirarme a mí misma con Amor?
La segunda etapa en esta preparación a la revisión de mis sombras, fue la comprensión de la unicidad de la humanidad. El despertar de ese año me llevó a meditar y a leer sobre espiritualidad. Comencé a familiarizarme con el concepto de que somos Uno, la interconexión de todos los seres de la tierra, igual de valiosos e importantes para nuestro destino global. Los años en la ONG, y los años de leer Mafalda antes de eso, me habían llevado a valorar la multi-culturalidad, a admirar lo diferente y comprender que nadie es mejor que el otro. A trabajar con personas de distintas partes del mundo, de distintas culturas y en distintos idiomas. Pero la espiritualidad me brindó algo más profundo aún:
Yo soy el Otro, y el Otro es Yo. No sólo somos igual de valiosos, somos Uno.
La dimensión de este Amor universal cambió mi mirada. ¿Cómo voy a resentir a quienes se estaban dañando a sí mismos? Entré a revisar mi vida entera, todos mis vínculos. Mi familia, mis amigos, mis relaciones de pareja, mi vínculo conmigo misma. ¿Cómo voy a juzgar a mi madre, si ella es parte de mí y yo soy parte de ella? ¿Cómo voy a juzgar a mi padre, si él es parte de mí y yo de él? ¿Cómo no voy a comprender y perdonar a quienes hicieron lo que pudieron con las herramientas que tenían? ¿Cómo voy a privarme de sentir Amor por mí misma, si soy parte del Todo?
No crean que llegué a todas esas preguntas, y a sus respuestas, de un día para el otro. Les escribo luego de cinco años de procesar, revisar, cuestionar, integrar y aceptar. Hoy siento que mi corazón tiene la capacidad de un estadio de fútbol. Y cada día se expande más, cada día sigo aprendiendo a accionar desde el Amor. En especial, sigo aprendiendo a pensar y hablarme a mí misma con Amor. Confío en que este es el camino.
Con amor y al servicio,
Cami
Nota: Fotografía tomada por Leo Visions - Unsplash