El coraje de perdonar

El coraje de perdonar

Uno de mis tantos renacimientos

2021, entro a la peluquería y le pido a la peluquera que me rape. “¿Estás segura?”, me pregunta preocupada. Imagino que le dará miedo que me arrepienta. “Estoy segura”. El sonido de la máquina va en aumento mientras se acerca a mis orejas. La apoya sobre mi cabeza y hace la primera pasada. Veo caer los rulos que me caracterizaban al suelo. Con ellos, caen las partes de un proceso que encaré hace tres meses, pero tiene su comienzo mucho tiempo atrás al comenzar mi camino espiritual.

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Decidí perdonar. Perdonarlo todo. Perdonarme a mí misma y a quienes me habían hecho daño durante mi vida.

Encontré una meditación activa para el perdón, compartida por Mindvalley. No perdía nada con intentarlo. Me senté el primer día y conecté con cada paso propuesto en el audio, dedicándome primero a un evento minúsculo, para practicar. No recuerdo ya qué fue, pero probablemente alguna persona que me haya hablado mal en la calle, o alguna situación en el tráfico de Buenos Aires. Vi el potencial de que realmente funcione.

Un mes y medio estuve religiosamente sentándome a perdonar todos los días. Esa primera etapa la dediqué a perdonar a las personas que habían participado activamente del despido que acababa de vivir hacía un año. También a aquellas que lo observaron ocurrir y no hicieron nada para evitarlo, o para defenderme. Y no podía faltar perdonarme a mí misma, pues tenía mucha bronca contra mí misma relacionada a esa situación.

Luego vino la segunda etapa y la que verdaderamente era necesaria.

Perdonar a todos los hombres que habían abusado de mí. Contaba varios hombres distintos y con algunos más de una situación abusiva. Aquí nuevamente no podía saltearme el paso de perdonarme a mí misma, que en esta instancia fue aún más doloroso y desafiante que en la anterior. Me tomó otro mes y medio, a pesar de que era menos gente.

Al finalizar esos tres meses, sentí necesario materializar la liviandad que sentía en el cuerpo y en el alma. Siempre había querido raparme, pero nunca me había animado. Esta vez, el coraje acumulado de enfrentarme día a día a las historias de mi vida más oscuras me impulsó a hacerlo. Me encaminé a la peluquería decidida.

Media cuadra antes de llegar, me crucé a uno de los hombres con los que había vivido una situación donde mi NO no había sido respetado. No me reconoció. Pero para mí fue la señal que necesitaba para asegurarme que estaba encaminada. La Camila que había sido, que se había vinculado con ese hombre, ya no existía. Raparme era una forma de volver a nacer.

No me esperaba lo poderosa que me sentí al verme sin pelo. Me miraba cada día al espejo y la imagen que veía era un recuerdo de mi valentía, mi coraje, mi fortaleza. Veía a la mujer que siempre había deseado ser.

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Perdonar es para valientes. Y es para uno mismo.

Muchas personas me cuestionaron que cómo podía haber perdonado a esas personas después de lo que había vivido. Me decían: “yo no podría”. Estoy acá para decirte que sí podés. Y que sí te lo recomiendo.

Perdonar no es decir que lo que el otro hizo estuvo bien, no es validar sus acciones ni pretender que nunca ocurrieron. Perdonar es quitarte un peso de encima que no te pertenece. Cargar con el enojo de lo que “te hicieron”, te consume, te desempodera. Te enferma. Y el otro sigue viviendo su vida sin que nada de ese veneno le afecte. A la única persona que le hace daño continuar estando enojada, es a vos misma.

Perdonar es liberarte. Es cortar el hilo que te ata a esa otra persona. Dejar de rumiar en tus pensamientos todo lo ocurrido. Dejar de sentir que te sube el fuego hasta las orejas cada vez que alguien le menciona o cuando te lo cruzas en la vida. Mantener el enojo es continuar perpetuando ese vínculo. Y hasta lo profundiza, porque cuanto más tiempo pasa, más crece el resentimiento. Y por lo tanto ese vínculo se hace más poderoso, no menos. Elegir perdonar es decir “ya no quiero estar atado a esta persona o a este evento”. Esto que sucedió no me identifica. No me hace quién soy. Elijo ser libre y elijo vivir liviano.

Perdonar es una elección. No va a suceder por arte de magia, no sucede sólo. “El tiempo lo cura todo” siempre y cuando uno procese lo vivido. Si seguimos metiendo cosas bajo la alfombra, el tiempo lo único que hace es que esa montaña de polvo crezca y crezca y crezca. Llega un momento en que debemos darnos la vuelta, mirar a la cara lo que veníamos evitando y decidir: ¿quiero seguir acumulando resentimiento o quiero vivir mi vida desde otro lugar?

Yo elegí perdonar. Me abrí a una vida de libertad, decidí vivir desde el Amor y gracias a ello conocí una versión de mí que aspiraba ser pero nunca había imaginado llegar a encarnar. ¿Qué elegís vos?

Con amor y al servicio,
Camila Belén

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Escribí este texto basada en la cosmovisión de la Camila que llevó adelante su peregrinaje del perdón en 2021. Hoy en día, considero importante agregar que me hago cargo de la responsabilidad que tuve en cada uno de estos eventos. Entregué mi poder a otros una y otra vez durante mi vida. Delegué algo que era mío y me enojé con el otro por eso. Esto es un concepto y una mirada que profundizaré en un futuro texto, hoy te invito a quedarte y cuestionarte sobre el perdón.

Nota: Fotografía tomada por Bailey Burton - Unsplash